Foto: Eliana Soza Martínez

DE COLOR HUMANO

Por: Eliana Soza Martínez

fizcaeliana@gmail.com

En una época en la que la lealtad no es un valor primordial, los animales, en este caso un perro, nos demuestra el poder de la fidelidad a pesar de todo. Si no leyó o escuchó la historia de Rambo, seguro sabe de otras más en Bolivia y el mundo. Un can llega detrás de una ambulancia a un hospital donde su dueño es internado, al final éste no salió vivo; pero el animalito le sigue esperando hasta hoy. Quienes lo ven todos los días, le han tomado cariño; doctores, enfermeras y comerciantes de los alrededores le llevan comida y le acarician.

A pesar de estos cuidados, nada se compara con volver a ver a su dueño, será por eso que cuando sale alguna persona la olfatea queriendo encontrar algún rastro de quien tanto amo. Me pongo a imaginar su pena, perder al ser que es tu mundo entero, solo puede compararse con la perdida de los padres, la pareja o nuestros hijos; nosotros somos conscientes de que se fueron, en cambio el perrito, no y por eso su espera continuará.

En la nota que le hizo un canal de televisión, pedían su adopción. Aunque sería la solución ideal, Rambo nunca olvidará a su primer amo y seguro volverá al hospital en su búsqueda. Esta historia no es nueva, en Potosí también vive un can que perdió a su dueño y se quedó fuera de su casa esperándolo. Los vecinos quisieron meterlo a sus hogares para adoptarlo, el animalito se negó; entonces le construyeron una casita en la calle, al lado de la puerta del amigo que sigue esperando.

¿No es impresionante este amor desinteresado? Mientras, hace unos años, a través de los noticieros nos enteramos de cómo, los propios familiares, dejaron a una señora de la tercera edad, todavía viva en una sala de velatorio, esperando su muerte para enterrarla lo más pronto posible. El cariño de los animales es verdaderamente incondicional, ellos no nos aman por ser guapos o hermosas, tampoco por cuánto dinero o posesiones tengamos, ni les importa si estudiamos una carrera profesional, o si somos gerentes o empleados. Lamentablemente los seres humanos no amamos así, piénsenlo por un segundo, ¿Qué nos atrae de las demás personas, o qué tomamos en cuenta para enamorarnos y casarnos?

¿No quisiéramos que alguien nos ame profundamente, para siempre? ¿Las personas amamos así? Yo respondería que no, por eso debemos aprender de los animales. Nosotros creemos ser la especie superior tan solo porque hablamos, creamos cosas nuevas y desarrollamos un gran poder de la imaginación; con el tiempo, pareciera que vamos perdiendo la capacidad de amar de verdad y sin amor, la tecnología, la inteligencia, el conocimiento, no son nada.

Todos los días escuchamos historias parecidas a la de Rambo, éstas nos conmueven hasta las lágrimas. En Japón se erigió una estatua en honor a la lealtad de Hachico, un perro que esperó a su dueño por el resto de su vida; una película se inspiró en esta historia real. Cada día, animales, arriesgan sus vidas para rescatar a muchas personas. ¿Cómo les pagamos? Maltratándolos, arrastrándolos con una soga detrás de un auto ya que no queremos nuestra movilidad llena de pelos; abandonándolos a su suerte cuando ya no son tan adorables como cuando los trajimos a casa siendo cachorros. Parece ser más fácil descartarlos al igual que objetos comprados en tiendas.

Aprendamos la lealtad y el amor de los animales, amemos sin miramientos de forma que ese sentimiento sea el motor de nuestra vida y la guía para el accionar cotidiano, así seremos mucho mejores en la sociedad donde vivimos.

  Te invito a dejar tus comentarios sobre este tema en mi blog: http://decolorhumano.blogspot.com/

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