POLÍTICA VISCERAL

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Año 2019, nos aprestamos a un nuevo proceso electoral luego de 13 años de gestión del Presidente Evo Morales, a la cabeza del Proceso de Cambio. Hemos transcurrido varios momentos y etapas dentro de las tres gestiones en curso, con sus respectivas elecciones, donde el partido de gobierno fue sustentando y manteniendo, incluso in crescendo, el respaldo electoral. Sin duda, en este panorama, debemos retomar los tiempos iniciales de este proceso que van más allá de la elección de 2005 y se explica con el lastre de una problemática histórica y centenaria de nuestros pueblos donde se tuvo, siempre, vigente la exclusión de gran parte de la población, la indígena. Así, el proceso constituyente gestado desde los pueblos y naciones indígenas y originarias recién tuvo asidero a finales del siglo XX junto a la crisis del modelo neoliberal y su sistema de partidos. Ya en el siglo XXI, vivimos en otro modelo que plantea la construcción y consolidación del Socialismo Comunitario como proyecto histórico, donde obviamente se va más allá de un solo ámbito, ya sea político o social, y más bien se plantea un proyecto integral.

En los años ´90 ocurrieron en nuestro país las marchas desde el oriente que trajeron consigo el estandarte de la Asamblea Constituyente, de la cual fue producto nuestra actual Constitución, devolviendo parte de la vanguardia indígena a las tierras bajas dentro del proceso constituyente. Por tanto, debemos virar la atención hacia la memoria larga para entender todos los procesos sociales y políticos que hemos transcurrido para tener una idea más cabal del nuestra actualidad, alejándonos de las percepciones inmediatistas con las cuales se pretende comprender la realidad de nuestros tiempos. En este marco, el sentido crítico urgente se va perdiendo cada vez más por varios factores que pueden decantar en decisiones políticas o electorales donde se toma decisiones en base al desconocimiento y la ignorancia, o peor aún al odio y el conservadurismo.

Sin embargo, parece que en los tiempos de la sociedad del meme, la mínima pretensión de elaborar y plantear un argumento resulta banal ya que no es el tiempo de estas prácticas. Así, cuando tratamos de analizar los canales y mecanismos para la toma de decisiones en el tema político-electoral nos chocamos contra prejuicios reaccionarios y viscerales que no van más allá de las consignas enmascarando expresiones de racismo y discriminación que reniegan frente al espejo, pretendiendo negar ascendientes y raíces indígenas-indias. Entonces pasamos a analizar problemas de clase y conflictos de identidad que llevan a intentos, casi siempre fallidos, de buscar el blanqueamiento cultural (ni hablar del racial). Como consecuencia recordamos hechos lamentables como los ocurridos en varios departamentos del país, entre los años 2006 y 2008 principalmente, con manifestaciones violentas contra población indígena-migrante más allá de su preferencia política e ideológica; simplemente motivada por una supuesta diferencia en el color de piel. Entonces cómo se pretende tener una madurez política si desde las candidaturas de oposición no se logró articular un programa de gobierno y un proyecto de país alternativo al que sigue en gestión por, casi, 14 años; habiendo demarcado algunos hitos como el Estado Plurinacional, la Constitución Política, el Vivir Bien eje del paradigma de desarrollo; y teniendo pendiente la consolidación del Socialismo Comunitario como horizonte de sociedad.

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