UN TAL ALFREDO

J. Augusto Yañez Vargas Sociólogo de la Nación Chichas

La emergencia del proyecto de reconstitución de la Nación Chichas trajo consigo una serie de retos y objetivos para avanzar en ese sentido de forma prudente y seria. En ese marco, se presentaron preguntas y vacíos fundantes para el entendimiento de una nación y su población, ahí aparece la cultura y más aún la identidad como eje principal para profundizar el debate. Entonces, debemos diferenciar lo chicheño de lo tupiceño, que desde el punto de vista de un colega antropólogo si uno se identifica como tupiceño está respondiendo a la lógica colonial, mientras que lo chicheño es emancipatorio y corresponde a los pueblos originarios e indígenas de nuestro territorio ancestral. Por tanto, comenzamos a encontrarnos con las problemáticas en los derroteros de la identidad de nuestro pueblo y cuáles fueron sus vertientes. La tupiceñidad ha sido construida a partir de lógicas señoriales y coloniales, las cuales parecen estar divorciadas de otros elementos básicos de la identidad como la vestimenta típica reducida a la folklorización, resumida en el disfrazarse de indio y luego renegar de esa condición. En el mismo sentido, se suele reducir, culturalmente hablando, la construcción identitaria que se encierra en algunos personajes populares como ser Víctor Agustín Ugarte y Alfredo Domínguez Romero, principalmente, que se constituyen en emblemas de Tupiza.

28 de enero, dentro de tediosa costumbre y tradición que reproduce mecánicamente y sin sentido año tras año las fechas del calendario, recordamos a Alfredo Domínguez Romero en su aniversario y lo hacemos de diferentes maneras. No obstante, en lo que corresponde al inmediatismo y superficialidad de las cosas, se ha reducido su obra musical al simple gusto y admiración por sus acordes de guitarra, igual que otrxs podrían escuchar reggaeton o cualquier género enmarcados en simples gustos y admiraciones sin mayor capacidad de profundización en el análisis respecto de estas propuestas. En ese sentido, la obra musical de Alfredo llega a convertirse en parte del ornamento de las ocasiones y encuentros quitándole toda la profundidad y pertinencia que amerita el denominado Genio Salvaje.

Recurrimos de nuevo a las letras escritas por Alfredo para hacer el ejercicio de profundizar y aplicar un mínimo de sentido crítico a los que escuchamos; mucho más si llevamos a este artista como emblema e ícono de la identidad tupiceña o, peor aun, chicheña. Quedamos con la tarea de, aplicando algunos criterios hermenéuticos y de análisis del discurso, tratar de reconstruir al personaje en su entorno lo cual nos permita un acercamiento a las realidades y percepciones que tuvo de aquella realidad social y de su pueblo o su gente. Entonces a partir de sus canciones podemos hacer este armado sobre quién fue el tal Alfredo. Si señora soy un indio, es una primera canción, entre otras, muy conocida que podría denotarnos que Domínguez se consideraba un indio, amparado por toda la experiencia de discriminación y racismo que sufrió como local y migrante. Sus entornos de amistas y vínculos ideológicos, como Liber Forty y Nuevos Horizontes, podrían mostrarnos el lado libertario e interpelador de Alfredo, que cuestiona en varias canciones al poder, al sistema y a la propia patria. Queda mucho por decir y analizar de la obra de Domínguez, pero esta ha sido reducida de tal manera que la gente piensa que solo debemos limitarnos a “escuchar y disfrutar de su música” dejando de lado el esfuerzo por profundizar en su pensamiento y en su propia identidad, para que teniéndola más clara podamos entender con mayor cabalidad quién fue este tal Alfredo que lo llevamos de aquí a allá como nuestra bandera, habiéndolo instrumentalizado de la manera más grosera, superficial y vacía. Así, es posible que cuando alguien pretenda profundizar solo un poco más en lo que Domínguez realmente era y proponía, no faltará alguien que refunfuñe diciendo “vos seguí nomas tocando tu charango sin molestar a la gente decente”.

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ESTADO Y SOCIEDAD PLURINACIONAL

J. Augusto Yañez Vargas Sociólogo de la Nación Chichas

A lo largo de la historia la sociedad boliviana confluyó por diferentes momentos cargados de una serie de elementos que fueron reconfigurando las relaciones colectivas e individuales. En este sentido, en un primer momento identificamos un tipo de organización, ahora muy lejana, a decir del incario y las relaciones con otros pueblos y naciones que se encontraban dentro del territorio que se convertía en una pugna o negociación, dependiendo las condiciones y capacidad de relacionamiento, siempre con la visión imperial presente. Posteriormente, llegamos a la colonia donde la verticalidad de la sociedad fue mayor generándose mecanismos como la mita que llevaron a nuestra gente a la semi esclavitud bajo una figura de empleo paupérrimo con un trasfondo de explotación cotidiana a cargo de los colonos españoles hacia los indios originarios, donde también comenzó una época vertical bajo la lógica colonial.

Una vez ingresada la república, superados los procesos emancipatorios en varios lugares del continente, se logra la independencia lo cual, contrariamente, no garantizó relaciones horizontales o algo más inclusivas sino que solo significó la generación del colonialismo interno consolidando nuevas elites excluyentes, por lo general, herederas del anterior sistema colonial y con relaciones de parentesco con los potentados españoles. Bajo este paragua de relaciones desiguales se fue configurando el nuevo Estado que pasó por diferentes etapas y condiciones particulares, teniendo algunos avances en cuanto a inclusión y generación de mayores derechos para los habitantes, los cuales sin embargo eran muy poco significativos. De esta manera, se tuvo que llegar hasta 1952 para que mediante un proceso popular revolucionario se implementen cambios mayores como ser el voto universal, una característica básica de una verdadera democracia en Bolivia. Posteriormente los movimientos sociales e indígenas y campesinos se van configurando como nuevos actores históricos desde la lucha social para demandar al Estado el aumento y reconocimiento de derechos individuales y colectivos.

Bajo este panorama llegamos a una última etapa con la crisis del neoliberalismo y la emergencia de estos actores consolidados dentro del escenario nacional, reclamando una serie de elementos que fueron base de los cambios actuales como ser la Asamblea Constituyente y la nueva Constitución Política del Estado, la cual lleva implícita esta nueva configuración estatal y las relaciones sociales de horizonte socialista comunitario. Así, los sucesos de los últimos años nos abren a una reconfiguración de la sociedad boliviana donde se interpela y pone en cuestión de forma estructural a las relaciones de poder y el orden establecido. También nos encontramos en un momento de grupos emergentes y empoderados donde se encuentran, principalmente, los pueblos indígenas-originarios siendo parte fundamental de esta nueva estructura y organización de la sociedad boliviana plurinacional. En este sentido, se va más allá al plantear a la plurinacionalidad como una característica del Estado boliviano, lo cual involucra estos cambios de profundidad con una serie de connotaciones en varios aspectos que pasan por el social, político, cultural, económico y el cotidiano.

Con lo mencionado, debemos relacionar la influencia del Estado en cuanto al tipo de sociedad que se presenta en cada contexto, donde éste es el encargado de generar condiciones que permitan tener relaciones horizontales comenzando por la inclusión y respeto por los derechos de todas y todos sin distinción, de lo cual este nivel estatal es el garante principal. Por tanto, en la última etapa histórica, junto a la nueva Constitución Política, se comienza con cambios importantes que permean en las relaciones sociales expresadas en la cotidianeidad tomando en cuenta la abolición de racismo y discriminación entre personas, potenciando identidades regionales y locales en el marco de la plurinacionalidad teniendo como objetivo concreto las autonomías que generen mejor administración de recursos y toma de decisiones a partir de las necesidades priorizadas por los actores primarios de cada entidad territorial. En última instancia, más allá de un gobierno u otro, el valor de las políticas de Estado se encuentran en el tipo de sociedad que vaya a generar donde se reduzcan las desigualdades en todos los sentidos y se cuente con mismas oportunidades como un punto de partida elemental para este tiempo. Con lo dicho, el Estado Plurinacional trasciende a un gobierno específico y más bien es un reflejo del devenir que la historia se ocupó de encausar.

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11 DE ENERO Y LAS DOS BOLIVIAS

J. Augusto Yañez Vargas Sociólogo de la Nación Chichas

El 11 de enero de 2007 ocurrió un hecho lamentable en la ciudad de Cochabamba donde se generó un enfrentamiento entre la población del lugar bajo ciertas características. Tras una serie de sucesos políticos, principalmente, se comenzó a gestar sentimientos de confrontación por parte de sectores y grupos con afinidades hacia el Movimiento Al Socialismo (MAS) y, otros, los cercanos al entonces Prefecto de Cochabamba. En ese tiempo el país estaba inmerso en una tensión permanente, todo ello siendo la primera gestión del gobierno del MAS y en un periodo del proceso y Asamblea Constituyente. En este marco Santa Cruz, Beni y Pando, encabezadas por sus Prefectos y organizaciones cívicas, impulsaban la, denominada, media luna sugiriendo incluso ideas independentistas y/o separatistas; fue esta coyuntura que llevó a que Cochabamba sea un espacio geográfico fundamental en esta pugna. Así, con varios días de tensión, el 11 de enero se dio el más grande enfrentamiento entre zonas de la ciudad cochabambina, con argumentos como defender a la ciudad de los campesinos/indios/cocaleros que amenazaba  a dicho espacio. Por el otro lado, se generó una demanda de que la autoridad departamental renuncie por ser afín a las ideas separatistas de la media luna. Todo ello tuvo como consecuencia la muerte de tres personas en enfrentamientos y un gran número de heridos.

Paradójicamente, por mucho tiempo, Cochabamba había sido sinónimo de integración, encuentro y “mestizaje”, así como indica el denominativo del “corazón de Bolivia”. A esto se sumaban los hechos de la Guerra del Agua donde se logró una articulación de clases y sectores en torno a la defensa de un derecho vital para la subsistencia, como es el agua. Sin embargo, en enero de 2007 el tejido social se vio severamente afectado, o más bien mostró el rostro encubierto de las identidades y problemáticas subterráneas con discursos y eufemismos, como ser el racismo y la discriminación. Así el hecho de mostrar la otredad con el peor de sus enfoques significó una serie de reacciones por parte de habitantes de la zona norte de Cochabamba mediante exclusión y verticalismo hacia el foráneo, campesino-cocalero, con expresiones como “nos están invadiendo” o “vamos a defender nuestra ciudad”, entre muchas otras; las cuales encierran una percepción altamente discrimatoria y patronal. De esta manera, la ciudad quedó divida imaginariamente en dos: el sur y el norte como territorios ajenos y opuestos; al norte sectores de elite y familias tradicionales y al sur inmigrantes y sectores populares. El puente de Cala Cala y el Prado parecían demarcar el límite territorial. Así ocurrieron estos hechos reprochables donde, otra vez, comprobamos que las lógicas coloniales siguen vigentes en el país, pese a los intentos de reducirlos, principalmente desde el Estado, las leyes y políticas públicas. Así, en 2019, estas diferencias parecen no haberse superado todavía y siguen presente en la cotidianidad, a la espera de que se percute por algún suceso que de rienda suelta al miramiento y sentimientos de superioridad, racismo y discriminación, desde las percepciones y sentimientos reaccionarios y viscerales.

En los años ’60 surgía con fuerza la idea de “las dos bolivias” por parte de pensadores indianistas como Fausto Reinaga quienes consideraban los procesos históricos y sociales de nuestro país, vinculados a la colonia y el colonialismo interno, para argumentar respecto de la existencia de la Bolivia blancoide (criolla-mestiza) y la Bolivia india que no lograron el encuentro dentro de la vida republicana. Así, el trabajo conceptual teórico se desarrolló de manera sugerente, ante lo cual otros pensadores cuestionaron dichos postulados, diciendo que las dos bolivias habían sido superadas. No obstante, los hechos demuestran, de forma recurrente, incluido el 11 de enero cochabambino, que las dos bolivias siguen encuadradas en el pensamiento de sectores conservadores de Bolivia, muchas veces mimetizado en el mestizaje como discurso cómplice de las desigualdades. Sin duda el papel del Estado es fundamental en el desmontaje de los lastres históricos de nuestros pueblos, pero queda pendiente la corresponsabilidad de la población en su conjunto, que no necesariamente deberá conceptualizar estas situaciones sino generar un mínimo pensamiento crítico sustentado en la lectura histórica que complejice la capacidad de análisis, más allá de sus privilegios y su poder. Bolivia, como sociedad tiene grandes tareas pendientes por mejorar su convivencia entre todas y todos, lo cual llegue al trato cotidiano y normalice las relaciones horizontales en el marco de la interculturalidad como base de la interrelación y la lógica de comunidad sea recuperada hacia la consolidación del vivir bien.

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CICLOS

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J. Augusto Yañez Vargas Sociólogo de la Nación Chichas

En un ejercicio, que podría ser mecánico y repetitivo, llega el mes de diciembre como la oportunidad de evaluación en todos los niveles y sentidos. Así, desde la perspectiva individual, personalista, podemos romper lógicas egoístas para ampliar nuestras visiones de la vida, nuestra vida entre otras, y el devenir de nuestra comunidad aportando sentido crítico a la banalidad que puede ser recurrente en una mayoría de existencias. Aquí corresponde, entonces, aplicar el sentido crítico para superar los, más graves, centrismos en los cuales estamos inmersos y perdidos en las creencias doble moralistas e inmediatistas que permiten discriminar y odiar en un momento y al instante expresar sentimientos de amor y fraternidad, todo ello al compás de lo que marca el calendario, o peor aún el mercado. Así, se definen tiempo de cierre enmarcados en el calendario gregoriano donde hemos normalizado, y trivializado, la fiesta navideña más cerca del consumismo que de la espiritualidad y hermandad que, seguramente, demarcó sus orígenes con el nacimiento (desde el enfoque cristiano) de una gran revolucionario que cuestionó al sistema de entonces y pagó por ello, dejando de lado todo el simbolismo que conlleva esta festividad esotérica, que obviamente casi en su totalidad ignoramos o pasamos de largo para regodearnos en las superficialidades del capital, ya sea para maquillar la felicidad o sufrir las desigualdades, este tiempo más que nunca.

Sin embargo, este ciclo se cierra con hechos más complejos que unas “simples” celebraciones de fin de año donde solemos priorizar el egocentrismo, que alcanza a la familia como máximo, todo ello enmarcado en la lógica capitalista que prioriza al ego en el centro del mundo. El 2019 ha significado el fin de un ciclo de más de una década donde, al parecer, nos habíamos “acostumbrado” a una especie de statu quo a nivel social, político y económico. Esta etapa comenzó con una crisis estructuras en los años 2000, ante una serie de demandas históricas que no habían sido escuchadas, teniendo al sujeto histórico presente como vanguardia de la lucha por las reivindicaciones a nivel nacional. Así, estas demandas se transformaron en una serie de avances, ya sean políticos y económicos promovidos desde el Estado mediante normativa, institucionalidad y políticas públicas, entre otros. Pero más allá de lo realizado desde el nivel estatal, en sus distintos gobiernos, es importante analizar el alcance social de este tiempo, en el cual se logró visibilizar problemáticas que se arrastraban desde tiempos de la colonia sin tener una salida efectiva. Entonces es fundamental realizar la evaluación del nivel colectivo, mejor comunitario, respecto de cómo las personas aportan a los avances de nuestras sociedad y grupos para poder vivir con mayor equidad e igualdad; aquí la contraparte y corresponsabilidad de los logros sociales que, seguramente, todas y todos buscamos. Así, en más de una década ocurrieron muchas cosas (porque no todo es política) en nuestras vidas y en los cambios generacionales o tecnológicos, para citar solo algunos; los cuales fueron definiendo nuestro día a día y nuestras formas de convivir en las diversas comunidades que solemos conformar. Así para lograr una evaluación de ciclo deberemos tomar en cuenta la memoria histórica para dar algún sentido a nuestra actualidad, rompiendo la toxicidad del inmediatismo efímero.

Diciembre de 2019, representa el cierre de estos ciclos (etapas también), en los aprestos de una nueva gestión con varios retos personales, colectivos y sociales; los cuales deberemos saber articular en concordancia con brindar alguna coherencia a la vida misma. Este cierre de año llega con familiares ausentes, eventual o permanentemente, lo cual opaca el brillo de este tiempo, que solemos buscar como parte del maquillaje del egoísmo generalizado y constante en gran parte de la gente. El tiempo no se detiene y muy pronto olvidaremos por completo las ausencias junto a los sentimientos de “solidaridad”, “fe” y “amor” para retornar a la frialdad de las desigualdades del capitalismo, que nos alejan más de la humanidad como una gran comunidad. Igualmente retornaremos a la doble moral de instrumentalizar la religión para objetivos avalar desigualdades, violencias, discriminación como si todo ella fuera un mandato de dios o del maestro que, otra vez, nacerá simbólicamente en navidad. Sin embargo, junto al cierre de este ciclo se abre otro que representará oportunidades y nuevos senderos para seguir avanzando y luchando por objetivos comunes, en el mejor de los casos buscando el bien común y reconstruyendo el urgente sentido de comunidad como un paradigma de vida.

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500 AÑOS, NADIE SE CANSA

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J. Augusto Yañez Vargas Sociólogo de la Nación Chichas

J. Augusto Yañez Vargas

Sociólogo de la Nación Chichas

Y 500 años no son nada, nada más que nuestra memoria larga en la que muchas generaciones lucharon contra diferentes poderes opresores. En un primer momento, cuando las fuerzas ibéricas, respaldadas por la pólvora, doblegaron de forma violenta a nuestros ancestros, a veces con la espada y otras con la biblia. Donde a nombre de dios se comenzó con una masacre, sometimiento, humillación y violaciones como si dios fuera sinónimo del dogma cuadriculado de las cabezas y el pensamiento de los invasores. En ese contexto, fue cercenado un proceso endógeno de desarrollo de los pueblos del Abya Yala junto a toda la valía y aporte que conlleva una sociedad, como su idioma, cultura, simbolismo y, cómo no, la religiosidad. Consecuentemente, junto a ese intento de anulación de lo originario también surgió un proceso de resistencia, clandestina y perseguida, como estrategia ante el opresor, vindicando lo nuestro. En tiempos contemporáneos hablamos de ese periodo como el proceso de colonización extranjera, vinculada a la esclavitud, explotación y masacre. Este proceso también dio como resultado el planteamiento de mestizaje donde se trató de zanjar asuntos pendientes como la desigualdad, racismo y discriminación.

Estas luchas permanentes, desde aquellos tiempos, resultaron en un suceso fundamental como el levantamiento de los indios a la cabeza de Bartolina Sisa y Tupac Katari con la rebelión de 1781. Años después los criollo-mestizos, viendo sus privilegios en riesgo, decidieron transfigurarse en patriotas planteando la independencia blancoide que luego de la guerra de los 15 años lograron hacerse otra vez del poder, herederos de sus ascendientes patrones de la colonia. De esta forma se da inicio al colonialismo interno que no logra modificar las estructuras fundamentales del, entonces, Estado liberal donde los “padres de la patria” tuvieron un perfil patronal y hacendado junto a la dominación por grupos de poder internos de la nobel República de Bolivia. De esta manera, la lucha incesante del pueblo indio había sido subsumida por el proyecto criollo-mestizo, excluyente, patriarcal y discriminador. Ante esta situación el problema colonial continuó profundizándose en la mente de las y los bolivianos como una normalidad, renegando de su condición y ascendiente india en el intento permanente de lograr el blanqueamiento, con frases tan vergonzosas y racistas “como mejorar la raza” y teniendo como primer escalón el blanqueamiento cultural. Así, la resistencia ha sido centenaria, madurada y profundizada por una serie de factores que mantuvieron los privilegios de sectores pequeños beneficiados desde el poder quienes fueron patrimonializando, incluso, el Estado.

Desde los años ´60 del siglo pasado comienzan a gestarse diferentes corrientes político ideológicas y académicas para pensar lo indio y retomar un proyecto de país, ahí surgirían el Katarismo y el Indianismo como respuestas al proceso colonial y excluyente en ámbitos formales de la política. De esta manera la lucha de los 500 años tuvo en ese tiempo una etapa fundamental que llegando a los ´90 encontraría a ese modelo anquilosado y caduco para entender a la sociedad y el Estado neoliberal aparente. El sujeto histórico y social, el indio, se articula y asume su rol histórico para la toma del poder el cual se concretaría inicialmente el año 2005, superando la protesta para ingresar a la propuesta, con la legitimación del proyecto indio-campesino-popular para el país, la sociedad y el Estado. Así democráticamente, no solo el sector indio es interpelado hacia la unidad sino que otros grupos como sectores populares y la clase media urbana se suman a esta demanda conformando un bloque histórico que genere el último momento constitutivo de nuestra historia con el Proceso de Cambio como punta de lanza de las demandas de las grandes mayorías, canalizadas por el Movimiento Al Socialismo y Evo Morales en ese tiempo.

Luego de, casi, 14 años de gestión habiendo ingresado, en la última etapa, en un tiempo de fluctuación de errores y aciertos, el partido de gobierno sufre un proceso de desestabilización promovido por sectores sociales urbanos de clase media, amparados por el cambio generacional de este tiempo, que sumados lograron articular este movimiento. Para completar la fórmula fueron las redes sociales las que se encargaron de gestar una guerra híbrida de cuarta generación en el nivel ideológico con recursos como las fake news ahondando problemáticas como el desconocimiento y la ignorancia sobre los complejos procesos socio históricos que van más allá de la inmediatez del meme y la tecnología, todo ello alimentado por actores de la política tradicional de la especulación visceral y verborréica. En este momento vuelven a emerger los oscuros sentimientos reaccionarios del colonialismo interno patronal como percutor del racismo y la discriminación ante la incapacidad de comprender la otredad.

500 años, días más días menos, el discurso arcaico de la espada y la biblia reaparecen en una coyuntura exacerbada y conflictiva para desconocer los avances constitucionales de haber asumido al Estado Boliviano como ajeno a cualquier dependencia religiosa bajo la característica de laicidad. Año 2019, otra vez el dogmatismo y fanatismo de la seudo religión pretende someter las libertades conseguidas históricamente por la lucha de los pueblos, parangonando incluso rumores del genocidio de otros tiempos y con otras magnitudes rebasadas por la realidad simbólica del siglo XXI. De esta forma el oscurantismo se infiltra en el Estado como preámbulo las intenciones del retroceso de las victorias sociales lo que ha traído consigo una nueva emergencia de las luchas indígenas y populares, ahora abanderadas por el emblema ancestral de la wiphala. Bolivia vive un episodio nuboso en su historia con parte de su población mareada por diversos factores, ante lo cual esperamos un cambio hacia el sentido crítico mínimo para el avance de la sociedad, y más aun de la comunidad. Cinco siglos, muchas generaciones, y todavía nadie se cansa de décadas y décadas de lucha y resistencia donde el Proceso Constituyente y el Estado Plurinacional son solo una victoria irreversible del último tiempo en la trinchera revolucionaria que seguirá presente incansablemente.

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CONSIDERACIONES DE OCTUBRE

Por: J. Augusto Yañez Vargas Sociólogo-Cuentista Social Twitter @YanezApostillas

Los datos preliminares de las elecciones de este 20 de octubre, muestran un escenario político complejo donde se manifiestan reacciones diversas entre las tiendas políticas postulantes a la silla presidencial. Así podemos mencionar algunos criterios, a la espera de tener números oficiales que nos muestren la información al 100 %, principalmente del área rural y el exterior. Primero, que esta elección ha significado, por fin, la desaparición de la sigla del MNR, y por ahí también de UCS, representantes en ese sentido de la política tradicional que creímos haber desechado el 2003. Por otra parte, en estas elecciones hemos ingresado en una nueva lógica democrática con nobeles figuras como las primarias y, posiblemente, la segunda vuelta donde solo dos candidaturas deberían entrar, otra vez, en carrera electoral.

Así, con los datos preliminares de las elecciones hemos sido testigos de las reacciones que se han sucedido desde los diferentes partidos y representaciones. En este sentido, primero pudimos escuchar a representantes de la oposición que desde sus palestras enviaron un mensaje de supuesta victoria, con la deshonrosa llegada a la segunda vuelta como una muestra de la incapacidad de lograr una victoria real y contundente, como debería ser. Así Comunidad Ciudadana celebra este hito de la segunda vuelta como un gran triunfo, al estilo de tiempos del neoliberalismo donde se hacía del gobierno con poco más del 20 %, generando gobierno poco o nada representativos de la ciudadanía. Por su parte, el candidato de Bolivia Dice No, salió para aceptar su derrota, extrañamente ocupando el cuarto lugar y poniendo en cuestión a la representación del oriente boliviano, sobre todo Santa Cruz, que esta vez no otorgó un apoyo significativo a esta alianza. Por último, lamentablemente, observamos el apoyo recibido hacia el candidato por el PDC que muestra que en Bolivia existen sectores altamente conservadores y reaccionarios, que podrían manifestarse abiertamente y que esta vez lo hicieron mediante el respaldo a un discurso retrógrado, misógino, homofóbico y demás. Desde el otro lado, el candidato del MAS hizo esperar su discurso, que al contrario de otros tiempos fue breve y conciso celebrando la victoria y pidiendo esperar la consolidación de los porcentajes para recién celebrar a ciencia cierta de un nuevo mandato otorgado por el pueblo boliviano.

Por el lado de la población y/o ciudadanía, hemos sido testigos de diferentes sectores que brindaron su apoyo a los candidatos de preferencia, en muchos de los casos teniendo como trasfondo temas y prejuicios raciales, con el siempre presente complejo de renegar frente al espejo de la indianitud. La consigna del voto útil tuvo sus resultados aunque tengamos que ubicar en segundo puesto a un cuestionado candidato, que fue catalogado entre otras palabras como el mal menor sin que ello signifique necesariamente una representación y apoyo real, como en el caso del MAS que luego de 13 años de gestión, y un deterioro normal, mantiene el voto militante y sus estructuras fuertes que explican las victorias consecutivas desde el 2005. Queda de más los llamados a defender el voto, mediante el ya anunciado desacato, de ser necesario donde el discurso democrático queda por demás y se contradice ampliamente. Por lo pronto, queda esperar los resultados oficiales al 100 % para encaminar las celebraciones o la preparación rumbo a una segunda vuelta con aires de fin de año pendulando entre el Futuro Seguro o el relativo ya es demasiado que bifurcan el devenir de la política de los próximos días o los próximos meses.

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OCTUBRE, DE ZÁNGANOS E INDIOS

Por: J. Augusto Yañez Vargas Sociólogo-Cuentista Social Twitter @YanezApostillas

En las últimas semanas el pueblo ha sido actor de un proceso socio político importante donde a la cabeza del movimiento indígena ha comenzado una serie de movilizaciones contra las medidas aplicadas por el gobierno, las cuales están enmarcadas en el ámbito económico como una respuesta a la crisis fiscal. Entre estas medidas se tiene la eliminación del subsidio estatal al combustible lo que generó una ola de manifestaciones desde diferentes sectores encabezados por los choferes. Ante esta situación, el Presidente declaró estado de excepción por 60 días lo que trajo consigo una reacción popular con saldos lamentables de heridos y muertos. Con este marco, una marcha indígena comenzó a acercarse rumbo a la sede de gobierno por lo que el Presidente trasladó la misma hasta otra ciudad importante. De esta manera, cuando leemos este relato se puede producir un recuerdo y semejanza con Bolivia el año 2003; pero ahora nos referimos al hermano país de Ecuador donde Lenin Moreno, en función de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la frase “se eliminó el subsidio, se acabó la zanganería” ha provocado una crisis dentro de su territorio. Justamente fue a partir de esta expresión surge el movimiento de los zánganos con participación de indígenas, estudiantes y otros que todavía están movilizados con varias demandas y en una lucha acérrima contra el gobierno ecuatoriano.

El 17 de octubre de 2003 el, hasta entonces, Presidente de la República de Bolivia Gonzalo Sánchez de Lozada salía del país, casi en un situación de huida, a raíz de la grave crisis estructural desencadenada desde un tiempo previo a la fecha mencionada. Entonces se libraba una compleja carga histórica heredada desde tiempos de la colonia, y el desencuentro sucedido con la implantación del régimen español con la frase conocida de los “500 años”. Así llegamos a ese corte en el devenir de la historia respecto de los lineamientos propios de lo que sería el derrotero en los pueblos del Abya Yala, pero junto al sometimiento instituido se fue generando una serie de levantamientos y sentimientos insurgentes y libertarios durante unos cientos de años. De esta manera, se generaron los sucesos de 1809 a partir de lo cual se establece el periodo independentista en toda la región incluyendo el Alto Perú, teniendo el momento cumbre en 1825 con la fundación de la nueva República de Bolívar.

Sin embargo, este hito de la historia no fue el final de las sociedades segregadas o excluyentes sino que dio paso a lo que se conoce como colonialismo interno donde las nuevas oligarquías se hicieron del poder para ingresar en el periodo republicano marcado por estos lastres de la colonia. Con esta característica de la estructura social superamos varias etapas dentro de este republicanismo donde los grupos de poder a partir de sus capacidades de influencia económica y política ingresaban en altos cargos de decisión para toda Bolivia. Consecuentemente, es fácil denotar que las políticas establecidas se dirigían hacia los mismos sectores de elite respecto de sus intereses sectarios y, hasta, individuales. En este escenario, al final del periodo, se consolidó un grupo identificado como el de los Barones del Estaño (Mauricio Hochschild, Simón Patiño y Carlos Aramayo), quienes manejaban gran parte de la minería ejerciendo influencia en otros ámbitos, como ser la política. Así llegamos a la emergencia y realización de la Revolución Nacional de 1952, deviniendo una serie de reformas estatales junto a la creación de la Central Obrera Boliviana posicionando de esta manera un nuevo grupo de poder, con algunos rasgos más heterogéneos.

Junto al proceso del ´52, se aplicaron medidas direccionadas al sector indígena llevando adelante la Reforma Agraria, junto a la campesinización, castellanización y el intento de anulación de las identidades indígenas originarias, bajo un modelo homogeneizador. No obstante, el proyecto fracasó y sucedieron una serie de etapas pasando por las dictaduras, el retorno a la democracia y el neoliberalismo que marcaron a la forma de hacer política en el país. En este proceso, siempre estuvo pendiente el tema indígena, considerado incluso como el problema del indio, como un aspecto permanente desde la colonia hasta, ingresado, el siglo XXI. De esta forma, hemos considerado brevemente la denominada carga histórica que tuvo como pilar central a la población indígena en sus diferentes momentos y participaciones dentro de la historia. Así, con el advenimiento de la crisis del sistema de partidos, el modelo neoliberal y las propia crisis estructural es que se conforma un gran movimiento insurgente nacional con participación de diferentes sectores sociales, urbanos y populares quienes son fundamentales en los sucesos de 2003, con varios hechos antecedentes. De esta manera, considerar un suceso de la historia aisladamente puede traernos una lectura incorrecta, sesgada o incompleta de la variedad de aspectos y elementos complejos que están en torno. Así, el 17 de octubre de 2003 se realiza un rebalse de la carga sociohistórica de desigualdades y mal manejo de nuestro país, marcando un nuevo hito para generar un sugerente proceso de reestructuración estatal junto a un proyecto de país, que hasta la actualidad seguimos construyendo, con aciertos y errores pero que sin duda representa un momento determinante de lo que es y será Bolivia en un mediano y largo plazo.

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HACEMOS NUESTRO AGOSTO

J. Augusto Yañez Vargas Sociólogo de la Nación Chichas

En Bolivia existe una frase de “hacer nuestro agosto”, resignificada conflictivamente desde su origen agrícola, que se aplica a hechos o situaciones caracterizadas por el desmán, caos o desorden sin freno; al menos entre sus principales significantes. No obstante agosto representa para el imaginario nacional boliviano, precedido por la historia, una serie de momentos significativos y de importancia para mujeres y hombres. En un primer momento nos adscribimos al 2 de agosto, anteriormente conocido como “día del indio” que denotaba la gran carga discriminatoria y racista de la sociedad, minoritaria, boliviana quienes a partir de la detentación de ciertos poderes, económicos y políticos, arrebatados junto a todo el proceso colonial y el posterior colonialismo interno hacían apología de las desigualdades estructurales. Sin embargo, según dictamina el proceso social de la historia, y sus representantes, esta denominación se fue modificando y resignificando a partir de las exigencias y demandas de los propios pueblos indígenas originarios para asumir al 2 de agosto como el día del campesino y luego como “Día de la Revolución Agraria Comunitaria”, con lo cual se pretende desmontar estas subjetividades enajenadas para entendernos y reencontrarnos entre bolivianos y bolivianas desde una perspectiva más horizontal teniendo siempre presente el proyecto histórico del Socialismo Comunitario.

Como un segundo momento para recordar, tenemos la fundación de la Escuela Ayllu de Warisata, donde resaltan nombres como los de Avelino Siñani y Elizardo Pérez, que seguramente habremos asimilado a la nueva Ley de la Educación N° 070. Y esta relación, que parte de lo nominal, no debe ser azarosa sino que dentro del actual régimen gubernamental se busca revolucionar a la sociedad boliviana a partir de lo democrático y cultural, donde estos lineamientos educativos son fundamentales para el proceso apuntando a un devenir educativo y revolucionario. No obstante, todavía se ve un letargo en estos intentos u objetivos trazados que en un mediano y largo plazo deberían reconfigurar la estructura social y la forma de interrelacionarse. Igualmente, la analogía entre escuela ayllu y el intento actual de revolución educativa permite rescatar la cualidad comunitaria de la Ley donde se modifique, desde las estrategias educativas y del proceso de enseñanza-aprendizaje herederas de la escuela bancaria donde existen profesores y alumnos (alumnus), las verdades acabadas y verticales para asumir desde ese papel de alumno o alumna. Pero la problemática educativa es más amplia y compleja por lo que deberá ser asumida con atención particular, siendo el reflejo y causal de muchas de las problemáticas que venimos arrastrando en nuestra sociedad hace bastante tiempo atrás.

Como una última arista, en este texto, debemos referirnos al tan mentado 6 de agosto, asumido como la fecha de independencia y fundación de la República de Bolívar en 1825, para llamarse posteriormente Bolivia, que desde su nacimiento ya estuvo inmersa en una serie de contradicciones y pugnas, tanto internas como externas (con un 5 % de representación dentro del hecho fundacional). Entonces, nos acercamos al bicentenario de  Bolivia que luego de todo este tiempo, continúa con las problemáticas heredadas, en el intento de generar respuestas a partir del planteamiento de la plurinacionalidad planteada desde el Estado. En este sentido, el calendario cívico permite cuestionarnos de forma frontal considerando los derroteros que seguimos en la búsqueda de mejores días para Bolivia, más allá de recordatorios, desfiles y civismos, superficialmente construidos y con cierta carga chauvinista. Entonces, la realidad nacional (plurinacional) contemporánea es el producto de todo un proceso histórico y social, complejo desde sus inicios, que debe ser desentramado para entender a todo un país, que como muchos otros, si no todos, pretende contar con mejores condiciones de vida para ésta y próximas generaciones. En este derrotero, los principales cambios efectivos que sucedieron en el último tiempo, fueron trabajados y gestados desde abajo por una gran variedad de sectores y movimientos sociales, donde los pueblos indígenas se constituyeron como sujetos protagónicos hasta nuestros días. Así, transcurrimos las “fiestas patrias” y esperemos no haber hecho nuestro agosto, a la manera antes descrita, sino haber logrado alejarnos de estas simplezas adscritas como costumbres y tradiciones en torno a un sinsentido del pasado y del futuro, con una actualidad de solamente “pasar el día”, algunos entre la sobreviviencia y otros en la frivolidad, claro “haciendo su agosto”.

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TUPIZA, DE CARTAS Y FALACIAS

Por: J. Augusto Yañez Vargas Sociólogo-Cuentista Social Twitter @YanezApostillas

Qué se puede decir nuevamente en esta fecha, 4 de junio, y el recordatorio de los 445 años de la “fundación” de Tupiza. Primero, que nos habían hecho creer que éramos la primera ciudad fundada por españoles, con todo el honor y la carga social e histórica que esto significa; pero celebrar y reconocer a los primeros días del sexto mes del año 1574 directamente nos quita este denominativo de ser los primeros en ser fundados. Por otra parte, resulta siempre contradictorio hacer apología de la opresión y sometimiento mediante una celebración del comienzo de una era de explotación y abusos por parte de los españoles a nuestra población de los denominados indomables Chichas. Entonces, por qué deberíamos seguir realizando estos festejos que nacieron de la reunión de unos reducidos “ilustrados” y de manera azarosa decidieron muy aventuradamente dictaminar al 4 de junio de 1574 como la fundación de Tupiza, antecedidos por la conformación del Comité Pro Cuarto Centenario en 1968, oficializando en algún sentido, esta fecha especulativa e improvisada.

Pero en fin, han pasado casi cuatro siglos y medio desde lo sucedido en la susodicha fundación y al haber ignorado todo lo acontecido en esos tiempos ahora rendimos tributo a la explotación y violencia hacia nuestros antepasados. Así, desde esa fecha, sucedieron muchos episodios en la historia de los Chichas donde siempre se ha identificado el sentido libertario de esta población que durante varios momentos se levantó contra este régimen en la búsqueda de ese espíritu autónomo que había sido característico en cada periodo. Lamentablemente, el repaso de la historia solo ha llegado hasta tiempos de la colonia desde donde parecería que se tiene una cronología válida, mucho más con el visto bueno de la fundación como un reconocimiento de la validez para la existencia de este pueblo ancestral y preincaico. Sin duda, la historia oficial suele tener una exigencia de que los pueblos de, la actual, Bolivia cuenten con una fecha de fundación para existir de manera formal en el escenario nacional pero afortunadamente esta perspectiva ha ido cambiando y ahora vamos más allá del simplismo y el enfoque colonial.

Una de las falencias de la construcción identitaria del pueblo chicheño ha sido la carencia de investigaciones rigurosas y especializadas que rastreen los derroteros de los Chichas originarios donde se devele, por ejemplo, los calendarios festivos que se solía tener antes de la colonia, y cómo no antes del incario, además de la cosmovisión. Con este trabajo se podría tener avances importantes en lo concerniente a la identidad de la región más allá de esa construcción mestizada con lo venido junto a la colonia. Sin embargo, de la misma forma que se exige la formalidad dentro de la historia, ahora tenemos un recurso importante para utilizar como atenuante de las invenciones imaginarias a decir de la Carta Orgánica Municipal de Tupiza de la Nación Chichas donde se ha dado un importante viraje respecto de la percepción sobre nuestra identidad rompiendo con lógicas miopes, señoriales y localistas que han afectado en la integración chicheña, pretendiendo mostrar a Tupiza como sinónimo de Chichas en detrimento del resto de provincias sureñas.

En este sentido, la Carta Orgánica Municipal de Tupiza de la Nación Chichas, de forma contundente y conclusiva, ha anulado al 4 de junio como fecha de fundación y más bien resalta el 7 de noviembre de 1810 donde se dio un paso importante para la emancipación de los libertarios Chichas, con los ineludibles levantamientos indígenas precedentes. Así, es menester entender que no necesitamos una fecha para celebrar la opresión, por lo tanto habrá que esperar la promulgación de la Carta Orgánica junto a la erradicación del falso protagonismo de las fundaciones coloniales basadas en sometimiento, junto a la compleja deconstrucción de la  tradición y costumbre en la cual la población se ha ido subsumiendo desde los años ’70. Consecuentemente, basados en la normativa municipal, deberemos direccionar nuestra atención hacia el “Mes Cívico Patriótico” de noviembre donde se encuentran la ya mencionada batalla de Suipacha, dentro del Artículo 3 de la Carta Orgánica donde se dictamina “Se establece que la fiesta grande y la fecha más importante del Gobierno Autónomo Municipal de Tupiza de la Nación Chichas y el acto central del mes cívico es el 7 de Noviembre día de la Batalla de Suipacha (Primera Batalla de la Independencia Americana librada frente a los invasores españoles el año 1810) y se reconoce como único día festivo con feriado municipal, con actividades previas, desfiles cívicos, serenatas veladas y otros actos culturales. De acuerdo a reglamentación específica” (VI.5). Con lo mencionado, queda pendiente el 17 de noviembre oficializada como fecha de Refundación de la Nación Chichas de la cual Tupiza fue y es parte fundamental para seguir este proceso reconstitutivo de la historia profunda de nuestro pueblo.

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VIENTOS DEL SUR PARA UNA NACIÓN

Por: J. Augusto Yañez Vargas Sociólogo-Cuentista Social Twitter @YanezApostillas

Este libro sirve para descubrir los orígenes de la relación con el departamento de Tarija, la cercanía con La Quiaca, República Argentina y las rivalidades con Tupiza, aunque un tanto tormentosas, superadas en la actualidad, gracias al desprendimiento de hombres [y mujeres] notables”. Este es uno de los párrafos con los cuales la autora, María Elena Chambi Cáceres, abre de forma provocativa para seguir profundizando en una amena lectura que casi impide cualquier pausa hasta finalmente concluir el texto. Así, el año 2013 salió a la luz un importante libro que muestra el devenir de los hechos concernientes a la capital fronteriza y de la Provincia Modesto Omiste, Villazón, bajo el título de “Vientos del Sur” y que sirve como un merecido homenaje a la frontera sur de la Nación Chichas, en territorio boliviano. Con este marco, las líneas comienzan en los albores de esta parte chicheña, bordeando la mitad del siglo XVII donde un latifundio va a tener un rol preponderante para impulsar a este lugar del país.

De esta forma, el texto citado pretende brindarnos otra perspectiva desde la visión de sus principales actores para comprender la necesidad de una administración propia, que puede haberse debido a la dejadez y olvido por parte de las autoridades de turno además de intereses particulares por seguir potenciando la economía local. Sin embargo, la autora se encarga de presentarnos, con un criterio cabal y serio, todos los argumentos y sucesos que permitieron el florecimiento de estas demandas para que luego de varias movilizaciones y luchas sociales se pueda concretar la creación de la Segunda Sección Municipal y después la nueva provincia, Modesto Omiste. Así, entre otros aspectos, por demás sugerentes, encontramos los momentos de integración regional chicheña (luego de la saga “separatista”) ocurridos cuando, por ejemplo, se conformaron cuadros futbolísticos con jugadores de Tupiza y Villazón para hacer frente a los rivales del vecino país. De esta manera, a más de rastrear las diferencias generadas entre estos pueblos podemos escudriñar los orígenes comunes y las relaciones que se establecieron para entender la actualidad de ambos lugares.

Con seguridad, dentro del presente artículo no se podrán reflejar todos los hechos, desencuentros y anécdotas narradas por la autora, pero solo se pretende generar un espacio para ir desmontando o replanteando conflictos y rivalidades imaginadas a la luz de otras perspectivas. En la actualidad, toda la región viene trabajando en un proceso de integración donde este tipo de rencillas se vayan superando y dejando en el pasado para poder, desde la unidad, proyectar los nuevos derroteros que se vayan a seguir junto a la arenga de “Tupiza-Villazón un solo corazón”. Es importante recurrir a este tipo de lecturas que nos permitan zanjar los supuestos históricos que pueden haber mellado una identidad común y colectiva que ha pervivido a cientos de años. Esta vez, 20 de mayo, Villazón celebra un nuevo aniversario del cual debemos hacernos parte activa para mostrar con acciones el sentimiento de fraternidad existente entre pueblos, divididos fortuitamente por límites inexistentes. Ahora es el tiempo de la integración donde las Provincias, ciudades y comunidades se encuentren esta vez bajo la bandera de la milenaria e histórica Nación Chichas rumbo a su Reconstitución.

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